Calambres musculares: Qué son y cómo prevenirlos

Los calambres musculares (o espasmos musculares) son una queja común entre los individuos que ofrecen servicio de salud primaria, además de los neurólogos. Se reconoce un espasmo por una sensación incómoda de pinzamiento o apretón que ocurre en un músculo, que puede durar segundos o varios minutos.

Normalmente está acompañado de una especie de “nudo” palpable a nivel del músculo donde se está sufriendo el espasmo. Los espasmos pueden ocurrir en personas con desórdenes, neuropatías y síndromes metabólicos. Por supuesto, muchas veces no son expresión de una enfermedad subyacente: estos últimos son espasmos idiopáticos.

Calambres musculares: la explicación detrás de su aparición.

La evidencia científica sugiere que los espasmos ocurren por descargas espontáneas en las neuronas motoras. Esto indica que no sucede en el interior del músculo por sí mismo. Esto explica las fasciculaciones al principio y final de los espasmos (lo que hace que se muevan involuntariamente). Las fasciculaciones están originadas en los nervios periféricos.

Hay dos hipótesis dentro de su origen. Estas sugieren que las descargas responsables del espasmo pueden deberse al sistema nervioso central o estar espontáneamente generadas por el sistema nervioso periférico, dos entidades distintas dentro del sistema nervioso. Es poco probable que un único mecanismo sea el responsable de esta condición.

El exercise-associated muscle cramp, o espasmo muscular asociado al ejercicio, es una instancia de origen idiopático o sin enfermedad relevante detrás de su aparición. Es una contracción temporal pero intensa de carácter involuntario del músculo esquelético, que transcurre durante o poco después de la ejecución de actividad física.

Se han propuesto dos causas principales para los espasmos musculares bajo estas características. El desequilibrio del estado de hidratación y el balance electrolítico pueden ser responsables de los calambres musculares en atletas, o personas afines a la actividad física.

Otras instancias que presentan espasmos musculares

Otras condiciones que presentan espasmos musculares pueden encontrarse fuera del ejercicio. Los espasmos nocturnos de las piernas son comunes en los adultos que rebasan los 50 años, o aquellos adultos mayores con más de 60 años de edad.

Esta condición se conoce también como un espasmo relacionado al sueño. Los espasmos del sueño (que ocurren, comúnmente, en los gemelos) reducen la calidad del sueño de los pacientes, asimismo el de su estilo de vida. El diagnóstico es sencillo: el paciente posee dolor en las extremidades inferiores, o espasmos, que remiten con el estiramiento.

Comúnmente se debe a que la persona se encuentra mucho tiempo de pie, durante el día. El tratamiento o la prevención más prevalentes son el masaje y el estiramiento previo a una noche de sueño.

Otras entidades donde se presentan los calambres musculares pueden correlacionarse a enfermedades neuronales. Pueden ser por distonía, hiperexcitabilidad del sistema nervioso periférico o la esclerosis. Estas instancias deben ser diagnosticadas por un médico profesional, a diferencia de los espasmos asociados al ejercicio.

Tipos y causas de los calambres musculares en los deportistas

Los calambres nocturnos son comunes. Pueden presentarse en una persona que camine mucho o se mantenga mucho tiempo de pie durante el día. Un atleta, o un individuo que realice una gran cantidad de actividad física también pueden padecer esta condición.

El calambre de músculo liso es común durante el ciclo menstrual. Por su parte, los calambres de músculo esquelético son en general aquellos que sufren los atletas o personas que realizan ejercicio.

Los cambios entre el estado de hidratación de una persona, y su balance electrolítico, son factores que pueden traducirse a espasmos musculares asociados al músculo, en personas aparentemente sanas o con historial de salud no relevante a una enfermedad muscular.

Evidencia dentro de los estudios conducidos reporta que se ha hallado deshidratación en algún nivel cuantificable, poca o nula presencia de sodio o cloruro en orina, concentración de proteína sérica incrementada, recuento eritrocitario aumentado, y presión osmótica normal.

 Esto dignifica que el desbalance del estado electrolítico y de agua de una persona (por deshidratación o hidratación excesiva) puede causar espasmos musculares. En resumen, la pérdida de agua y electrolitos por el sudor durante el ejercicio prolongado es sugerido como una causa común a la aparición de estos calambres.

¿Cómo prevenir los calambres musculares?

La pérdida de grandes cantidades de agua en sudor, o el consumo excesivo de agua común, son dos instancias altamente investigadas. Es gracias a ello que no es de sorprenderse que el consumo de productos altos en electrolitos durante el ejercicio o inmediatamente posterior a este sean recomendaciones comunes para prevenir o tratar.

El tratamiento de los calambres musculares, a su vez, es el estiramiento pasivo. Muchos pacientes habrán iniciado el efectiva y común (y sin necesidad de medicamentos) tratamiento del estiramiento o alargamiento de la fibra muscular que está sufriendo el espasmo. Este método ayuda a que la mayoría de espasmos se detengan.

Asimismo, el estiramiento también es usado como estrategia para prevenir. Dicho estiramiento puede darse por un ejercicio guiado estático, pasivo, que no requiere esfuerzo significativo, pero el calentamiento de bajo impacto (normalmente, sin sobrecargas) ayuda a la prevención de que se den espasmos musculares luego de la sesión.

El uso de artículos de compresión también puede ayudar a evitar la manifestación de un espasmo. Es muy común que se use calcetines de compresión, pantalones especiales, o mangas de compresión.

Estas no solo ayudan a la prevención de lesiones o a la mejora de la técnica en el ejercicio. También permiten la regulación apropiada de riego sanguíneo, propuesta en ayudar a aliviar el espasmo o prevenir la aparición de susodicho.

Tratamiento farmacológico

El consumo de potasio y magnesio pueden ayudar a la prevención de la contracción involuntaria. Ambos equilibran la función muscular. Una opción de medicina tradicional es el jugo de jengibre, que mejora la circulación sanguínea, y que puede ayudar a prevenir la fatiga muscular.

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